Resumen
La transición energética implica el cambio de un sistema de uso intensivo de combustibles fósiles a otro basado en el uso intensivo de materiales en el que el suministro de materias primas minerales, muchas consideradas críticas, es crucial. Las tecnologías de energía limpia son mucho más intensivas en materiales que las basadas en combustibles fósiles. Por ejemplo, la energía eólica requiere aproximadamente 25 veces más recursos minerales que una central de gas. Según las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el con-sumo actual de minerales, como poco, se va a cuadruplicar y, en el caso de un escenario de cero emisiones en 2050, podría multiplicarse por seis, lo cual plantea enormes interrogantes sobre la disponibilidad y confiabilidad del suministro de recursos minerales. En este sentido, la AIE alerta de que el hecho de que haya recursos minerales suficientes no garantiza que los suministros vayan a estar disponibles de manera fácil y asequible donde y cuando se necesiten. Con el cambio de paradigma han entrado en juego múltiples minerales, cada uno con sus propias peculiaridades y dinámicas, y con cadenas de abastecimiento más complejas que las de los combustibles fósiles y, en algunos casos, mucho menos transparentes, pudiendo surgir riesgos significativos en prácticamente todas sus etapas. La confiabilidad, asequibilidad y sostenibilidad del suministro de minerales está amenazada por múltiples factores entre los que destacan la mayor concentración geográfica de la producción, las incertidumbres tecnológicas y políticas de la demanda, el desajuste entre los cambios en la demanda y el tiempo de desarrollo de los proyectos mineros, los efectos derivados de la disminución de la calidad de los recursos o el escrutinio creciente